Se reúnen 80 mil personas a cantar con el rosarino en la CDMX

Fue una noche tranquila, extraña para un evento masivo en el Zócalo, donde no hubo empujones, sino todo lo contrario, unidad, amor y rock fue lo que se vivió en el concierto que ofreció Fito Páez en la plancha capitalina.
Minutos antes de que iniciará el concierto que repuso el rosarino, luego de un accidente que tuvo meses atrás, los cánticos como si fuera un partido de futbol retumbaron por los aires, “olé, olé, olé, Fiiitoo, Fiiiitooo”, se escuchaban y la respuesta llegó a los cinco minutos pasando las 20:00 horas, cuando los acordes de “El amor después del amor” sonaran atrás de una cortina roja.
El público, que poco a poco fue llenando el primer cuadro de la Ciudad de México, respondió con gritos y aplausos, tras la caída del telón y al ver al músico y compañero de Charly García sentado en su clásico piano.
Y pese a que algunos tomaban chelas o fumaban marihuana, todo transcurrió sin problema alguno, ya que el objetivo fue disfrutar a uno de los músicos argentinos con más relevancia en México.
“¡Qué hermosura estar hoy (sábado) aquí. Ahorren energía, la van a necesitar!”, pidió Páez, quien vestía una capa roja, estilo Walter Mercado.
Con la balada “Tumbas de la Gloria” los llamados chavos rucos, que en su mayoría fueron los que llenaron el lugar y familias enteras que asistieron, tuvieron la oportunidad de cantar a todo pulmón.
Nada de lo imaginable alcanzó! Cuando un pueblo te abre sus brazos y sus corazones se detiene el tiempo. Todo tuvo sentido para llegar a vivir esto. El amor ofrendado entre todas esas almas atraves de la música y las palabras es un regalo divino. Todo pasa y todo queda. pic.twitter.com/qPhNnDmXSn
— Fito Paez (@FitoPaezMusica) January 19, 2025
Y es que Fito hizo algo durante su show, porque no sólo sus fans se reunieron a disfrutar su música sino también personas que ni sabían que existía se detuvieron a escucharlo y a conocer sus letras.
Tras la pieza tranquila, llegó nuevamente la oportunidad de demostrar que Fito Páez no ha perdido esa energía que lo ha caracterizado siempre y pese a los años dónde las canas han tomado espacio en lo que fuera una cabellera larga y negra, el pianista entonó la rola que da nombre a su gira “El tráfico por Katmandú”.
Ahí, como si fuera un director de orquesta y alejado de su instrumento, movía sus brazos para que los mexicanos cantarán con él.
“¡Está explotadísimo, qué hermosura!”, dijo admirado por la respuesta del público, pero también por el majestuoso escenario que rodeaba el templete en el que ofrecía su show, ya que la Catedral capitalina, así como el Palacio Nacional y las oficinas del gobierno que dirige Clara Brugada, quien se estrena en los conciertos masivos gratuitos como Jefa de Gobierno con este evento, lucían encendidos y resplandecientes.
“11 y 6” y “Giros” siguieron en el repertorio del rosarino, sin embargo, una de las piezas de su autoría que más fue coreada y que mortalizó la cantante Mercedes Sosa fue “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.
En dicha pieza, Páez aseguró que en México saben cantarla muy bien, y sí, ya que conmovió hasta los huesos al escucharla a coro en el Zócalo capitalino.
Tras el momento de reflexión llegó el de moverse y alejar el leve frío que se sintió en el centro de la CDMX con “Dos días en la vida”, donde Fito bailó y brincó, por lo que sus fans hicieron lo mismo.
“¡Qué lindo es sentirse parte de un pueblo!, ¡Gracias México!”, dijo emocionado.
Con “Brillante sobre el mic”, el Zócalo se alumbró con la luz de los casi 80 mil asistentes, según cifras del Gobierno capitalino.
La noche transcurrió, Fito lucía feliz, emocionado al ver a un pueblo cantar sus canciones. Con “Dar es dar”, “Mariposa Tecknicolor” y “Dale alegría a mi corazón”, Fito se despedía de su gente, quien no dejó de brindarle ese calor que sólo los mexicanos pueden dar.